Alimentos que creías sanos y no lo son para nada
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La información es poder, aunque el exceso de conocimiento nos lleva a lo conocido como “infoxicación” y, esa es la sensación que la parte nutricionista de Rosa María Gorgues tiene respecto a lo que hoy día conocemos sobre la alimentación.

Nos bombardean con comer sano y, obviamente, es una necesidad pero, ¿es sano todo lo que nos cuentan?, ¿podemos tomar los nutrientes de la fruta de otra forma que no sea, simplemente, comiendo fruta?

Por desgracia, la industria alimentaria sabe de nuestro creciente interés por cada vez llevar una nutrición sana o, cuanto menos, comer menos “tóxico” (entiéndase como tóxico el consumo de grasas saturadas, azúcares en exceso y otros componentes perjudiciales para nuestra salud y que están más presentes de lo que imaginamos), por lo que se preocupa en vez de por reducir el consumo de estos componentes, disfrazarlos o hacerlos pasar por saludables. ¿En qué ejemplos podemos encontrar esta mala práctica?

 

5 alimentos disfrazados de saludables (y que no lo son)

 

Mueslis o granolas

 

Los cereales y la fibra son, además de sanos, necesarios para nuestro organismo, pero no es lo mismo tomarlo al natural (salvado, avena…) que empaquetado con las altas dosis de azúcares y grasas que le añaden para darle ese sabor tan adictivo.

La gran mayoría de productos que nos encontramos en el lineal del supermercado bajo esta etiqueta, tienen como añadido chocolates, almíbares, o simplemente aceite de palma y otros extras que le dan ese sabor tan rico a algo tan “sano”.

Para evitar este engaño lo mejor es, además de leer el etiquetado, comprar los cereales de forma natural, tal cual, sin procesar, y realizar nosotros mismos el combinado mezclándolo con frutos secos y pequeñas cantidades de miel, fruta deshidratada, yogur natural o lo que nos apetezca pero, siempre, en versión natural y sin procesar.

 

Ensaladas envasadas

 

No todo lo que contenga lechuga es sinónimo de sano. La mejor prueba son las ensaladas que nos encontramos en los refrigerados de los supermercados.

Lejos de ser un producto saludable, los aderezos con los que se acompaña lo convierten en un coctel de grasas y calorías vacías. A saber: pan tostado en aceites grasos, beicon o pollo tratado con las mismas condiciones, queso industrial (del amarillo chillón o de un tacto similar al plástico) y salsas hidrogenadas que en nada se asemejan al saludable chorreón de aceite de oliva virgen extra.

 

Zumos procesados

 

Ya lo introduje al comienzo del texto: la única alternativa posible a la fruta es la propia fruta. Todo lo que se nos haga pasar como la mejor forma de tomarla que no sea al natural, posiblemente sea un engaño.

Solo tenemos que tener en mente la siguiente prueba: ¿cuánto dura fresca y con todas sus propiedades una pieza de fruta al natural? Si un zumo es capaz de mantenerse más del doble o triple de ese tiempo (más aún cuando ni tan siquiera necesita conservarse en frío) es imposible que sea natural.

Por otra parte, es común que a los zumos, aunque en el mejor de los casos tengan un alto porcentaje de fruta, se le añadan azúcares que disfracen la acidez natural y saborizantes que potencien su gusto.

 

Snacks sin azúcares añadidos

 

La industria ha ido aprendiendo e incorporando términos que consigan confundir al consumidor sin acudir al engaño. Entre estos términos nos encontramos con el “sin azúcares añadidos” como uno de los más comunes que viene a decirnos que no se ha usado azúcar (el “veneno blanco”) más que el que contiene el propio producto.

El problema viene cuando, efectivamente, no se han añadido azúcares, pero sí grasas o edulcorantes industriales que potencien el sabor.

 

Stevia, sirope de ágave y otros edulcorantes “naturales”

 

La lógica y necesaria fiebre por reducir todo lo que contenga azúcar (debido a que la industria nos la ha “colado” en todo producto procesado) ha llevado a que ciertas alternativas como la stevia o el sirope de ágave se hayan popularizado como propuestas “saludables” pero, ¿realmente lo son?

Sobre todo la stevia, se ha hecho muy popular debido a que tiene un efecto aún más edulcorante que la propia azúcar y no goza de su impopularidad, pero lo que la industria nos oculta es que este producto, al igual que los siropes, llegan al mercado procesados (de igual forma que el azúcar, que no llega natural desde la remolacha o la caña), por lo que debemos despojarla de todo carácter de “superalimento” frente al azúcar común, ya que incurre en sus mismos pecados.

Por otra parte, no debemos olvidar que edulcorantes como la miel o los mencionados, dejan de ser sanos (al igual que ocurre, nuevamente, con el azúcar) si se consumen en altas cantidades, que es el pecado en el que caemos con todos estos productos, sean procesados o no.

 

Soy licenciada en farmacia y especializada en nutrición y dietética. Socio fundador de SOCIQUICK, S.L., desde 1997 y apasionada de los viajes y animales. Siempre procuro que cada experiencia nueva sea una lección vital que os invito a descubrir en este blog. ¡Bienvenidos al blog de Rosa María Gorgues!