¿Light?, ¿bajo en grasas?: Cómo interpretar correctamente el etiquetado
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Hace apenas unas semanas empecé este blog de Rosa María Gorgues con un artículo en el que trataba el tema de los superalimentos, en el que más allá de lo propio o impropio del consumo de estos productos, indicaba la importancia de conocer las cualidades de un producto para incorporarlo adecuadamente a nuestra dieta en cuanto a propiedades nutricionales.

Para ello, saber leer correctamente el etiquetado es fundamental, ¿cómo debemos hacerlo?

Cómo leer el etiquetado de un producto

 

Cuando me refiero a leer el etiquetado correctamente no hablo sobre conocer las propiedades del producto, que de primera mano deberíamos cuanto menos intuir, sino saber deducir de lo indicado si es propio o no para nuestra dieta o para nuestras intenciones.

Esta necesidad se debe a que los productores, conocedores de nuestras tendencias e inquietudes, muchas veces “trampean” el etiquetado para destacar aquello que hace a su producto más atractivo o esconder aquello que les resulta desfavorable, como está sucediendo frecuentemente con el denostado aceite de palma (y que da para otro artículo de la página de Rosa María Gorgues que no descarto realizar).

¿Y cómo debemos enfrentarnos al etiquetado de un producto? Lo primero es fijarnos en las proporciones que se nos indica, ya que en ocasiones se expresa la carga nutricional de todo el envase y en otras por raciones.

Lo segundo que debemos hacer es fijarnos en el orden en el que se listan los ingredientes del producto, ya que este orden se fija por cantidades (de mayor a menor) y nos deben preocupar que lo primero que aparezca sea el ingrediente principal y que entre los primeros puestos no aparezcan sustancias “nocivas” (como las grasas transgénicas) o que nos puedan preocupar consumir (altas cantidades de azúcares añadidos)

Por último, un factor que también nos debe preocupar antes de enfrentarnos a la lectura del etiquetado de un producto es que sepamos interpretarlo adecuadamente y no nos dejemos llevar únicamente por el término y la cantidad. Así, no debemos “demonizar” un producto únicamente porque tenga un alto valor calórico, sino preocuparnos de cuánto de ese alto valor es altamente nutricional y cuándo es altamente dañino en cuanto no nos aportan beneficios alimenticios.

Por ejemplo, el aguacate es una fruta altamente calórica al ser rica en grasas, aportando una ración 160 calorías, que son las mismas que tiene de media una lata de refresco. Eso sí, mientras casi la totalidad de las 160 calorías del aguacate se aprovechan para aportar a nuestro cuerpo nutrientes esenciales, en el caso de las mismas calorías de la lata de refresco, acabarían la totalidad como azúcares convertidos en grasas, sin ningún tipo de aporte nutricional. Son las denominadas como “calorías vacías”.

Tres pasos definen cómo interpretar todo etiquetado según Rosa Mª Gorgues

Principales trampas que nos encontramos en el etiquetado de un producto

 

Todas las grandes marcas intentarán, o bien destacar su producto como el más sano, o bien evitar que apreciemos esas calorías vacías o aportes innecesarios o nocivos. Para ello se valdrán de trucos que el marketing pone a su disposición como el uso indeliberado de los términos “light”, “0% azúcar”, etc.

Por ello, es importante que además de saber leer correctamente el etiquetado, sepamos también detectar estas trampas:

 

  • Bajo en grasas no es igual a combatir la obesidad: muchos productos, sobre todo los desnatados, compensan la pérdida de sabor que supone retirar o reducir las partes grasas (en este caso la nata) añadiendo azúcares en cantidades demasiado altas.
  • Sinónimos para definir un producto poco favorable: cuando nos encontremos con un término “extraño”, debemos activar nuestro sentido de la sospecha, ya que suelen usarse para definir un ingrediente que normalmente nos causa rechazo. Volvamos al ejemplo del aceite de palma, cuyo debate ha causado que muchos productores camuflen su presencia bajo nombres tan dispares (pero válidos) como Ascorbil palmitato, Cetil lactato, Cetil ricinoleato, Ácido caprílico y otras 200 variedades reconocidas por la propia UE.
  • Porcentajes variables que determinan la calidad: qué sano es el jamón de pavo, ¿verdad? Mucho menos graso que el de cerdo es la opción más saludable al consumo de estos embutidos pero, ¿os habéis parado a leer el etiquetado de estos productos? Os sorprendería de lo que podéis llegar a descubrir… como el caso de que solo el 50% de lo contenido en cada loncha pertenezca a carne de pavo y el resto a almidones, féculas y aditivos.
  • Lo “hidrogenado” y lo “estabilizado” es transgénico: las grasas “trans”, tal como también se les denomina en un intento por hacerlas atractivas, son grasas sin aporte nutritivo y con efectos nocivos a nuestra salud cardiovascular. Por ello, la industria ha aprendido a “disimularlas” de similar forma que con los sinónimos del aceite de palma con términos como “grasas vegetales hidrogenadas”, “ácidos grasos hidrogenados” o “estabilizantes vegetales”.
  • Lo natural, es simplemente natural: este último engaño nos sirve a la par de conclusión y consejo final sobre cómo enfrentarnos a la elección sana o no de un producto a través de su etiquetado. En ocasiones, se venden reclamos del tipo “alto en fibra” sin que el producto la posea de forma natural. La fibra sana, es la natural, la que se indica como tal en el listado de ingredientes. Términos como polidextrosa, inulina o oligofructosa indican fibras añadidas artificialmente, que no quiere decir que sean insalubres, pero sí que no tienen las propiedades adecuadas de la fibra sin tratar.

 

Con ello, debemos aprender que un producto sano es un producto que por su naturaleza es rico en nutrientes. Productos que tengan un largo listado que más que sus componentes, parezca una fórmula de laboratorio nos deben hacer sospechar que puede que sea rico, puede que no sea perjudicial, pero desde luego sano, con lo que ello conlleva, no lo será.

 

Soy licenciada en farmacia y especializada en nutrición y dietética. Socio fundador de SOCIQUICK, S.L., desde 1997 y apasionada de los viajes y animales. Siempre procuro que cada experiencia nueva sea una lección vital que os invito a descubrir en este blog. ¡Bienvenidos al blog de Rosa María Gorgues!