Del médico al paciente: cómo hacer un uso adecuado de los medicamentos
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La cosa va de mitades: el 50% de los medicamentos que se recetan, se hace de forma inadecuada. De igual forma, el 50% de los pacientes lo toma de forma incorrecta. Estos dos problemas pandémicos (es una generalidad, al menos en Europa, que no se haga un uso correcto de la medicación) tendría una fácil solución: que tanto médicos como pacientes tomen conciencia y sepan cómo hacer un uso racional de los tratamientos.

El hecho de que “la culpa” se reparta al 50% da claras señales de la necesidad de esta concienciación. Los médicos (ojo, no acuso, señalo en base a datos) deben preocuparse no solo por lo que recetan, sino también cómo lo recetan: es común que ante una dolencia, no receten dosis, sino cajas enteras, lo que lleva a que el paciente, o se sobremedique, o deje caducar medicamentos que pudieran haber sido útiles para otros pacientes.

 

Polifarmacia y automedicación inadecuada: la base del problema

 

Atención insisto, que no se diga ni mucho menos que Rosa María Gorgues critica la inestimable labor de los excelentes médicos que tenemos en este país, ni mucho menos achaco este uso inadecuado generalizado a sus prácticas (Gobierno y las campañas de Sanidad tendrían mucho más que decir al respecto), pero sí que sería incluso imprudente no visibilizar un problema crónico de una administración que debemos cuidar entre todos.

Para darnos cuenta de la raíz del problema, solo tenemos que atender a la definición que la OMS da de lo que resulta una prescripción racional:

“La medicación adecuada en las dosis correspondientes a cada necesidad, durante el tiempo necesario, y al menor coste posible para el paciente y para la comunidad.”

En estos tres conceptos: dosis correspondiente, tiempo necesario y menor coste, se deja entrever que la solución vendría en que si yo necesito un tratamiento de dos pastillas diarias durante una semana, me sería solamente necesario 14 pastillas.

Recibir por tanto una caja o blíster de 20 o incluso 40 pastillas, supone que seis o veinte pastillas se dejen de tomar, dejándose caducar o tentando al paciente a que las agote suministrándose más de las dos dosis diarias que le ha sido recetado.

 

El dispensario farmacéutico: otro eslabón fundamental de la cadena

 

No debemos olvidar (sin tampoco desmerecer la labor farmacéutica, igual de importante e igual de reconocible que la médica) que el responsable final de que un paciente reciba la dosis adecuada o no de un medicamento, es su farmacéutico. Pero no acaba aquí su labor: también es el encargado de que el paciente, cuando no intermedia el médico (por ejemplo ante medicamentos no sujetos a prescripción médica) reciba la información necesaria de las tomas adecuadas o de lo propio o no de acudir a X medicina.

Reseño este hecho porque es culpa de todos (insisto, el problema de una mala medicación es societario, no únicamente cosa de un solo actor: todos somos responsables de este mal del s. XXI) de que podamos acudir a nuestra farmacia, comprar 40 pastillas de paracetamol y a la mínima dolencia, tomarnos uno, dos, tres al día sin que nadie nos limite, y sin que sepa siquiera el “paciente”, que lo que es una dolencia común como un simple dolor de cabeza ocasional, de medicarlo con un excesivo uso de paracetamol o ibuprofeno, puede derivar en dolencias graves como fallos hepáticos o que resulten ineficaces al acostumbrar nuestro cuerpo a su toma y no podamos tratar infecciones u otras dolencias.

 

La disposición del paciente: la clave principal

 

Que el paciente sepa cómo debe tomar cada medicamento y cómo debe ser un botiquín racional erradicaría cualquier otro problema derivado de una mala medicación.

No es malo que, por si las moscas, tengamos un par de ibuprofenos o paracetamoles en casa, de la misma forma que tendríamos un par de tiritas. Lo malo es cuando al mínimo dolor, acudimos casi a la desesperada a tomarnos una de estas pastillas que ayudan, pero no son milagrosas ante todo.

Peor aun cuando pecando de prudentes, compramos la caja grande y la dejamos para usar en cualquier ocasión, o cuando aplicamos la misma regla de tres a cualquier medicamento y, o acabamos haciendo la labor médica nosotros mismos, o acabamos dejando caducar blísteres y blísteres de pastillas.

 

Soy licenciada en farmacia y especializada en nutrición y dietética. Socio fundador de SOCIQUICK, S.L., desde 1997 y apasionada de los viajes y animales. Siempre procuro que cada experiencia nueva sea una lección vital que os invito a descubrir en este blog. ¡Bienvenidos al blog de Rosa María Gorgues!