Superalimentos: mitos y verdades sobre el concepto de moda
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Cuando presenté el espacio de Rosa María Gorgues, indiqué que una de las finalidades además de plasmar recuerdos y anécdotas que de otra forma se perderían entre las carpetas del escritorio de un ordenador, era la de dar una opinión desde la perspectiva que mi experiencia profesional de décadas en temas de salud, creo que me autoriza a cuanto menos, poder entrar a debatir.

Bien, dentro de estos temas quiero comenzar con uno, el del término “superalimento” con el que estoy segura que se puede debatir a fondo. No con la intención de polemizar, sino con la intención de poder ofrecer una visión más compleja.

A qué se llama superalimento

 

El término superalimento es de reciente cuño. Un término con más connotaciones marketinianas que calificativas. Así, se ha pasado a denominar con esta etiqueta a productos “de toda la vida” (aunque en mercados como el español no nos suenen hasta hace poco) como la quinoa, la espelta, el lino, la spirulina, la stevia, etc.

La peculiaridad mediante la cual se permite el uso de esta terminología es la cantidad de nutrientes que poseen, siendo peculiarmente densos en cuanto a la proporción de vitaminas, minerales y otros componentes nutricionalmente preciados.

Entonces, ¿dónde puede estar el debate ante una cuestión, la de consumir productos altamente nutricionales, que claramente beneficia y no debe causar perjuicio?  El debate está cuando enfrentamos estos “superalimentos” a los “de toda la vida”, y sobre todo al uso y promoción que las grandes marcas hacen de ellos, dotándoles de propiedades cuasi milagrosas y precios desorbitados en cuanto a su producción.

 

Desde la perspectiva profesional… ¿qué es un superalimento?

 

Quisiera matizar que cuando indico desde la perspectiva profesional, me refiero a desde los estudios corroborados y la experiencia médica, no desde la mera opinión personal. Claro que Rosa María Gorgues tiene una firme convicción sobre este tema, pero procuraré que no influya.

Una vez dicho esto, “superalimento” tal como se ha definido el término marketinianamente (habría que preguntar a la RAE su opinión), es todo aquel que aporte gran cantidad de nutrientes a la par que es bajo en grasas saturadas y otras cualidades consideradas perjudiciales para la salud.

Insisto: a estas alturas podemos pensar, y con razón, que no debe haber discusión alguna ante el uso de una etiqueta para fomentar el consumo de productos sanos y óptimos para una dieta equilibrada pero, la cuestión es: ¿es mejor la soja, tan de moda, que las tradicionales lentejas?, ¿justifica el aporte nutricional que mientras un kilo de lentejas cuesta en torno al euro – euro y medio, uno de soja cueste más del doble?

 

Comparativa de Rosa María Gorgues entre las propiedades nutricionales de la soja y las lentejas

 

Cómo abordar el debate de los superalimentos

 

Científicamente, lo primero es desmitificar el hecho de que por consumir un alimento concreto por sí solo ayuda a prevenir o curar una enfermedad. Además de la económica, esta es la parte nociva del uso del término “superalimento”.

Una vez superada esta cuestión y sobre la que no quiero polemizar, el resto simplemente es saber llevar una dieta en general equilibrada, ya sea con el prefijo “super” o sin él.

Tenemos el privilegio de vivir en una zona donde la alimentación no es una cuestión aleatoria, con una dieta que es Patrimonio de la Humanidad, ¿por qué denostarla en favor a dietas andinas u orientales? Claro que son estupendas, pero ¿mejores que la mediterránea?

Si preferimos el consumo de soja frente a otras legumbres tradicionales nada tiene de malo, pero pensar que la soja porque un anuncio, una marca de nutrición o falsos gurús es mucho mejor y nos va a hacer mejorar la salud frente a cualquier otra opción similar, es donde está el error y el uso “pervertido” del término “superalimento”.

La clave por tanto, no está ni en priorizar, ni en obviar, sino en integrar. Si nos gusta alguno de estos superalimentos más que otros que ya consumimos pues adelante, pero nunca debemos dejarnos llevar por toda esta campaña de promoción y sustituir simplemente porque nos digan que son mejores que otros.

Para acabar, como testimonio muy ilustrativo de cómo lo que hoy se considera sano, mañana deja de serlo o cómo los lobbys de la nutrición intervienen con sus mensajes partidistas en nuestros hábitos de alimentación, os dejo este curioso vídeo que he encontrado sobre una campaña de fomento de consumo de bebidas azucaradas:

 

 

Este anuncio, que parece de épocas lejanas, se emitió en 2004, y aprovechaba el mensaje de que no debemos suprimir la toma de ningún nutriente, siendo el azúcar uno de ellos, para promocionar las bebidas azucaradas. Algo que, tan solo 14 años después sería impensable…

 

Soy licenciada en farmacia y especializada en nutrición y dietética. Socio fundador de SOCIQUICK, S.L., desde 1997 y apasionada de los viajes y animales. Siempre procuro que cada experiencia nueva sea una lección vital que os invito a descubrir en este blog. ¡Bienvenidos al blog de Rosa María Gorgues!